Muchas avenidas de La Serena y Coquimbo fueron urbanizadas cuando sus bordes mantenían un carácter principalmente residencial. Sus veredas fueron dimensionadas para un tránsito peatonal reducido, con accesos vehiculares frecuentes, escaso mobiliario y pocas áreas destinadas a la permanencia. Sin embargo, varios de esos ejes han incorporado con el tiempo supermercados, restaurantes, consultas médicas, colegios, gimnasios, servicios y pequeños comercios. La actividad cambió, pero el espacio público continuó respondiendo a la antigua función residencial.
Esta contradicción resulta visible en sectores como las avenidas Balmaceda, Cuatro Esquinas o Huanhuali, en La Serena, y en ejes como El Sauce, Los Álamos, Los Clarines y Alessandri, en Coquimbo. Las personas ya no utilizan sus veredas únicamente para ingresar a una vivienda. Caminan hacia paraderos, realizan compras, esperan atención, acompañan a niños, cargan productos o se desplazan entre varios establecimientos. Cuando la vereda permanece estrecha, fragmentada o interrumpida por postes, desniveles y accesos de automóviles, la nueva centralidad comercial funciona sobre una infraestructura peatonal insuficiente.
Barrio Italia, en Providencia, permite observar el potencial de esta transformación. Su consolidación como sector residencial, gastronómico, cultural y comercial ha estado acompañada por medidas destinadas a ampliar los espacios de uso peatonal, habilitar terrazas, realizar cierres parciales de calzada y fortalecer la permanencia en la calle. La experiencia no debe copiarse literalmente, porque cada barrio posee condiciones distintas, pero demuestra que el comercio de escala barrial funciona mejor cuando el espacio público deja de ser un lugar de paso estrecho y se convierte en parte de la actividad urbana.

La transformación debería comenzar por reconocer que una vereda de uso mixto necesita mayor capacidad. Debe contar con una franja continua y accesible para caminar, otra destinada a árboles, luminarias, señalización y mobiliario, y un área de relación con los locales cuando el ancho disponible lo permita. Las terrazas, exhibidores y filas de atención pueden formar parte de la actividad comercial, pero no deben interrumpir la ruta accesible ni obligar a los peatones a desplazarse por la calzada. La normativa chilena establece un ancho continuo mínimo para esa ruta, aunque los corredores con alta circulación necesitan dimensiones superiores al mínimo legal.
Los cruces también requieren una solución distinta. Una persona puede recorrer una cuadra en condiciones razonables y encontrar luego una esquina sin rebaje, un acceso vehicular que corta la continuidad del pavimento o una intersección diseñada exclusivamente para facilitar el giro de los automóviles. Las veredas continuas y los cruces elevados permiten mantener el nivel del recorrido peatonal, reducen la velocidad vehicular y entregan mayor visibilidad a quienes atraviesan. Estas soluciones resultan especialmente pertinentes cerca de colegios, centros de salud, supermercados y áreas con alta concentración de servicios.
La ampliación de veredas no implica necesariamente eliminar por completo el tránsito o los estacionamientos. Algunos tramos podrían reorganizarse mediante la reducción selectiva de calzadas sobredimensionadas, la ocupación de espacios actualmente residuales o la sustitución de estacionamientos permanentes por bahías de carga y detención breve. En otros casos, los nuevos proyectos inmobiliarios podrían aportar retranqueos o espacios privados de uso público que amplíen la circulación. El objetivo consiste en distribuir de mejor manera una superficie vial que actualmente privilegia al automóvil incluso en lugares donde la actividad comercial genera un flujo peatonal creciente.
Esta transformación presenta dificultades reales. El ensanche puede exigir trasladar postes, modificar cámaras de servicios, adaptar accesos domiciliarios y resolver desniveles entre propiedades. La reducción de estacionamientos genera resistencia entre comerciantes y residentes, mientras las obras afectan temporalmente las ventas y la circulación. Por eso, cada avenida requiere un diagnóstico por tramos, conteos peatonales, participación de locatarios y una ejecución gradual. Una primera etapa podría concentrarse en las cuadras con mayor actividad, en torno a paraderos y equipamientos públicos, para evaluar sus resultados antes de extender el modelo.
La renovación también debe incluir sombra, iluminación, drenaje y vegetación adaptada al clima local. Una vereda más ancha, pero completamente expuesta al sol, sin árboles ni lugares de descanso, mejora la circulación sin resolver la experiencia de caminar. Del mismo modo, una intervención saturada de maceteros y mobiliario puede volver a reducir el espacio disponible. El diseño necesita ordenar sus elementos y prever los recursos necesarios para mantenerlos, porque la calidad peatonal depende tanto de la obra inicial como de su conservación posterior.
Las ciudades suelen actualizar los permisos comerciales y los usos de suelo con mayor rapidez que su espacio público. Como consecuencia, aparecen nuevas centralidades sobre veredas diseñadas para una realidad que ya no existe. Transformarlas no representa una mejora ornamental. Significa completar el proceso urbano que el comercio y la vida cotidiana ya iniciaron, entregando a los peatones una infraestructura acorde con el papel que estas avenidas cumplen actualmente en La Serena y Coquimbo.
Bibliografía
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https://providencia.cl/provi/explora/noticias/emergencia/comenzamos-la-reactivacion-de-restaurantes-y-cafeterias-a-traves-del
Municipalidad de Providencia. (2021, 9 de julio). Autoridades anunciaron medidas para la reactivación del comercio gastronómico en la comuna.
https://providencia.cl/provi/explora/noticias/todas/autoridades-anunciaron-medidas-para-reactivacion-del-comercio
