[Mirada urbana] De espaldas a la vía: recuperar los entornos de las líneas ferroviarias abandonadas

Numerosas villas y poblaciones de La Serena y Coquimbo fueron construidas dando la espalda a las vías férreas. Los cierres posteriores de las viviendas formaron largos muros continuos, sin puertas, ventanas ni actividades orientadas hacia el corredor. Cuando disminuyó o desapareció el tránsito ferroviario, estos espacios quedaron fuera de la vida cotidiana de los barrios. La ciudad conservó la franja territorial, pero perdió el uso que justificaba su existencia.

El resultado se observa en distintos sectores de la conurbación. Los antiguos corredores ferroviarios pueden concentrar microbasurales, vegetación sin manejo, ocupaciones precarias y actividades ilícitas. Los muros ciegos reducen la vigilancia natural, mientras la escasa iluminación y la falta de recorridos formales refuerzan la percepción de inseguridad, la que responde a un diseño urbano que creó espacios sin accesos claros, usuarios regulares ni responsables visibles.

Esta condición resulta especialmente contradictoria porque las vías suelen conectar barrios que mantienen relaciones cotidianas. Las personas cruzan informalmente para llegar a establecimientos educacionales, paraderos, comercios, áreas deportivas o viviendas situadas al otro lado. Sin embargo, esos desplazamientos ocurren mediante senderos improvisados, cruces inseguros y superficies que dificultan el tránsito de adultos mayores, coches infantiles o personas con movilidad reducida. El antiguo ferrocarril permanece como una barrera, aun cuando podría convertirse en una conexión.

Corredor ferroviario utilizado para cruzar calle Los Copihues, en Coquimbo | Google Maps

La primera medida debería consistir en elaborar un catastro de los corredores. No toda vía que parece abandonada carece de uso o de proyección futura. Algunos tramos pueden continuar asociados al transporte de carga, formar parte de terrenos ferroviarios o resultar estratégicos para una eventual recuperación del transporte público. Cada segmento necesita ser clasificado según su propiedad, condición jurídica, uso efectivo, riesgos y relación con los barrios.

En los tramos definitivamente inactivos, una alternativa corresponde a su transformación en corredores verdes de movilidad peatonal y ciclista. Las antiguas vías ofrecen pendientes generalmente moderadas, recorridos continuos y conexiones entre sectores que muchas calles no proporcionan. Un sendero iluminado, acompañado por ciclovía, vegetación y cruces formales, podría integrar estos espacios al sistema de movilidad de la conurbación. La experiencia internacional demuestra que los antiguos trazados ferroviarios pueden conservarse como corredores públicos sin perder necesariamente la posibilidad de recuperar su función original en el futuro.

Cuando la línea permanece activa, la solución puede desarrollarse de manera paralela y con las separaciones de seguridad correspondientes. Estos proyectos, conocidos como rails-with-trails, permiten instalar senderos junto a corredores ferroviarios, aunque requieren cierres, distancias, señalización y cruces cuidadosamente diseñados. No se trata de permitir que peatones y ciclistas circulen sobre una vía operativa, sino de utilizar parte del ancho disponible para construir una conexión segregada y segura.

La transformación no debería limitarse a pavimentar una franja. La seguridad depende de que el corredor sea visible, utilizado y mantenido. En determinados puntos podrían incorporarse pequeñas plazas, juegos infantiles, máquinas de ejercicio, huertos comunitarios, áreas para mascotas, canchas de escala barrial o instalaciones culturales. Estos usos tendrían que concentrarse cerca de calles, equipamientos y accesos, evitando crear zonas de permanencia aisladas que reproduzcan los mismos problemas. La recuperación del espacio debe aumentar la presencia cotidiana de vecinos y permitir que las actividades legítimas ocupen aquello que hoy permanece sin control.

Los muros posteriores de las viviendas también requieren tratamiento. En algunos sectores podrían mantenerse por razones de privacidad y seguridad, pero acompañados por iluminación, murales autorizados y vegetación controlada. En otros casos sería posible incluso sustituir cierres completamente opacos por soluciones permeables o habilitar accesos hacia el nuevo corredor. Este cambio no puede imponerse a cada propietario, aunque los programas de mejoramiento de barrios podrían ofrecer incentivos para que las viviendas dejen de relacionarse con la vía como si detrás de ellas no existiera ciudad.

La vegetación espontánea merece una evaluación más cuidadosa que su eliminación completa. Algunos tramos pueden haber formado pequeños refugios para aves, insectos y especies vegetales adaptadas al ambiente urbano. Otros acumulan plantas invasoras, material seco y riesgos de incendio. Un proyecto responsable debería identificar aquello que conviene conservar, retirar residuos y especies problemáticas e incorporar vegetación nativa de bajo requerimiento hídrico. Los corredores también podrían recibir jardines de lluvia o pequeñas depresiones capaces de retener temporalmente la escorrentía, siempre que las condiciones del suelo y del trazado lo permitan.

La implementación podría comenzar con proyectos piloto en aquellos tramos donde ya exista tránsito informal entre villas. Una intervención inicial tendría que asegurar iluminación, limpieza, accesibilidad, cruces seguros y una ruta continua, antes de incorporar equipamientos más complejos. La participación vecinal permitiría identificar recorridos reales, puntos inseguros y usos necesarios. El mantenimiento posterior tendría que quedar definido desde el inicio, porque un parque lineal abandonado puede convertirse rápidamente en una versión más costosa del problema que pretendía resolver.

Los corredores ferroviarios residuales no deberían continuar funcionando como la parte posterior de la ciudad. Su longitud, continuidad y posición entre barrios les entregan un valor difícil de reproducir mediante nuevas obras. Recuperarlos permitiría crear rutas peatonales y ciclistas, sumar vegetación, conectar equipamientos y reducir espacios propicios para el abandono. La tarea consiste en convertir una antigua frontera urbana en una estructura que vuelva a unir la ciudad.

Bibliografía

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