Libro «Ciudades y arquitectura portuaria. Los puertos mayores del litoral chileno» de Benavides, Pizzi y Valenzuela

Ciudades y arquitectura portuaria. Los puertos mayores del litoral chileno es un libro de Juan Benavides Courtois, Marcela Pizzi Kirschbaum y María Paz Valenzuela Blossin, publicado por Editorial Universitaria dentro de la colección Imagen de Chile. La edición original corresponde a 1994 y la versión digital disponible en el portal de libros de la Universidad de Chile identifica la obra como parte del Archivo de la Arquitectura Chilena, con el tema central de la arquitectura portuaria.

El libro fue escrito por tres autores vinculados a la historia, la teoría y el patrimonio arquitectónico. Juan Benavides Courtois, asociado al Departamento de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Chile y que forma parte de la tradición de arquitectos historiadores reconocidos por el Instituto de Historia y Patrimonio de esa universidad. Marcela Pizzi Kirschbaum es arquitecta de la Universidad de Chile, profesora titular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, exdecana de esa facultad e investigadora en temas de patrimonio arquitectónico. María Paz Valenzuela Blossin es arquitecta de la Universidad de Chile, titulada en 1988, y profesora asociada de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

La obra estudia la existencia de un urbanismo y de una arquitectura propios del litoral chileno. Su pregunta principal busca establecer si las ciudades portuarias desarrollaron una forma urbana distinta a la de las ciudades interiores de origen agrícola, minero o administrativo. Los autores sostienen que los puertos no deben entenderse solo como recintos de carga y descarga, sino como ciudades completas, con espacios públicos, barrios residenciales, edificios institucionales, infraestructura ferroviaria, comercio, bodegas, muelles, viviendas y una cultura urbana marcada por la relación con el mar. El índice muestra que el libro organiza esta investigación en capítulos sobre la ocupación del borde del mar, los asentamientos de población, las ciudades-puerto de la segunda mitad del siglo XIX y la arquitectura tradicional de Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano, Puerto Montt y Punta Arenas.

El libro sitúa a Coquimbo dentro de un proceso histórico mayor. Durante la Colonia, el borde marítimo chileno tuvo una ocupación débil, porque la colonización española privilegió los asentamientos interiores. En la zona de la actual Región de Coquimbo, La Serena concentró tempranamente el peso urbano, administrativo y político, mientras que la rada de Coquimbo funcionó durante largo tiempo como fondeadero. Los autores señalan que, salvo algunas excepciones, no se logró arraigar una población estable en radas como Coquimbo, Cobija, Caldera o Bahía Inglesa durante el período colonial. Esta información permite explicar por qué el desarrollo de Coquimbo como ciudad portuaria fue principalmente republicano y decimonónico.

La obra indica que el cambio decisivo se produjo después de la Independencia. En 1811, Coquimbo fue declarado puerto mayor junto con Valparaíso, Talcahuano y Valdivia, lo que permitió integrarlo al comercio internacional y al sistema marítimo republicano. Esta categoría administrativa resulta fundamental para comprender el crecimiento posterior de la ciudad. El libro relaciona ese desarrollo con la exportación de minerales, especialmente cobre, plata y oro provenientes de los laboreos del interior. En este sentido, Coquimbo aparece como un puerto articulador entre la minería regional y las rutas marítimas, lo que lo convierte en una pieza clave para comprender la historia económica y urbana de la actual Región de Coquimbo.

Uno de los pasajes más relevantes para el estudio local es el apartado dedicado al espacio urbano de Coquimbo. Los autores señalan que, si se deja de lado el caso excepcional de Valparaíso, la cronología de las intervenciones destinadas a ordenar las ciudades portuarias debe comenzar por Coquimbo. La obra menciona el plano encargado por el gobernador Melgarejo al arquitecto francés Juan Herbage en 1844, aprobado durante el gobierno de Manuel Bulnes, y lo relaciona con el levantamiento realizado por Tomás Bland. Esta información es importante porque muestra que Coquimbo tuvo tempranamente una voluntad de planificación urbana, vinculada a su crecimiento como puerto y a la necesidad de ordenar un asentamiento en expansión.

El libro también incorpora la descripción de Recaredo Tornero en Chile Ilustrado de 1872, donde se enumeran calles como Melgarejo, Aldunate, Pinto, La Recova, Henríquez, Alcalde, Garriga, Borgoña, Lastra, Las Heras, Benavente, Freire, Argandoña, Cierra, González y Vicuña. Esta descripción permite reconocer una ciudad con calles rectas, una Plaza de Armas frente a la iglesia parroquial y una preocupación por el paseo público.

Igualmente, los autores explican que las ciudades portuarias desarrollaron una relación particular entre el centro cívico y el espacio del puerto. En este modelo, la plaza principal, la iglesia, los edificios administrativos y el comercio convivían con otro núcleo urbano asociado al borde de mar, donde se encontraban la aduana, la capitanía de puerto, los muelles, las bodegas, los hoteles, las oficinas navieras y las estaciones ferroviarias. En Coquimbo, esta doble estructura ayuda a comprender la coexistencia entre la ciudad formal, el área portuaria, los barrios comerciales y los sectores residenciales que fueron configurando su identidad urbana.

La presencia del ferrocarril constituye otro elemento central de la lectura del libro. Los autores destacan que los tendidos ferroviarios llegaron hasta muelles y embarcaderos de distintos puertos, entre ellos Coquimbo, y que esta infraestructura fue decisiva para trasladar bienes hacia el borde de mar. Sin embargo, la obra también advierte que el ferrocarril tendió a seccionar el espacio urbano y a dificultar la relación visual y sensorial entre la ciudad y el mar. En Coquimbo, esta observación resulta muy significativa, porque permite interpretar las tensiones históricas entre la actividad portuaria, la infraestructura productiva y la continuidad urbana del borde costero.

En el libro se señala que la arquitectura portuaria chilena se diferenció de la arquitectura de las ciudades interiores por el uso de estructuras livianas, tabiquerías de madera, cubiertas de fierro galvanizado y soluciones constructivas adaptadas a terrenos con pendiente, movimientos sísmicos, disponibilidad de materiales industriales y oficios vinculados a carpinteros de mar. Esta caracterización permite comprender varias edificaciones históricas de Coquimbo, especialmente aquellas donde la madera, los balcones, las verandas, los volúmenes compactos y las fachadas continuas forman parte del paisaje urbano. El libro incluye ejemplos específicos de viviendas portuarias en Coquimbo dentro de su repertorio iconográfico y tipológico.

La obra también permite comprender la arquitectura mayor de las ciudades portuarias. Aunque el libro aborda varios puertos del país, su método puede aplicarse con claridad al caso de Coquimbo. Los edificios de mayor escala, como aduanas, estaciones, instalaciones portuarias, bodegas, edificios institucionales y equipamientos urbanos, aparecen como expresiones materiales del crecimiento económico y de la consolidación de las ciudades-puerto. En el caso coquimbano, esta lectura ayuda a situar el Barrio Inglés, el puerto histórico y las edificaciones asociadas al comercio marítimo dentro de un proceso más amplio de modernización urbana y apertura internacional.

El aporte principal del libro consiste en entregar un marco interpretativo para reconocer el valor patrimonial de Coquimbo como ciudad portuaria. La obra muestra que la identidad de estos asentamientos no se explica solamente por su arquitectura aislada, sino por la relación entre topografía, borde costero, actividad marítima, trazado urbano, infraestructura ferroviaria, comercio, inmigración y tecnologías constructivas. En consecuencia, el patrimonio portuario de Coquimbo puede leerse como un sistema urbano y no solo como un conjunto de edificios separados.

La investigación también ayuda a matizar la relación entre La Serena y Coquimbo. Mientras La Serena responde a una historia urbana de origen colonial, con un trazado interior asociado a la plaza mayor, las instituciones religiosas y la tradición administrativa, Coquimbo se configura con mayor fuerza durante el siglo XIX, a partir de su función marítima y comercial. Esta diferencia permite presentar ambos espacios como ciudades complementarias, pero no equivalentes. La Serena representa una continuidad colonial y republicana de carácter administrativo, educacional y religioso; Coquimbo representa una modernización portuaria, ferroviaria, comercial y marítima asociada al siglo XIX.

El libro posee además un valor documental importante. La obra utiliza planos urbanos, fotografías históricas, grabados, bibliografía especializada, anexos de viviendas portuarias, listados de arquitectura mayor, índices de planos y referencias a monumentos nacionales y zonas típicas. Esta estructura convierte el texto en una herramienta de consulta para investigaciones porque permite pasar desde una lectura histórica general hacia la identificación de tipologías, edificios y procesos urbanos concretos.

En términos generales, Ciudades y arquitectura portuaria es una obra fundamental para estudiar el patrimonio urbano de Coquimbo desde una perspectiva arquitectónica e histórica. El libro explica cómo un fondeadero de uso colonial limitado se transformó, durante el siglo XIX, en una ciudad-puerto vinculada a la minería regional, al comercio marítimo, al ferrocarril y a nuevas formas de arquitectura. Su lectura permite comprender que el valor patrimonial de Coquimbo no reside únicamente en sus edificios antiguos, sino en la manera en que estos edificios expresan una relación histórica entre ciudad, mar, trabajo, transporte, comercio y vida cotidiana.

Referencia bibliográfica:

Benavides Courtois, Juan; Pizzi Kirschbaum, Marcela; Valenzuela Blossin, María Paz. (1994). Ciudades y arquitectura portuaria. Los puertos mayores del litoral chileno. Santiago de Chile: Editorial Universitaria. Segunda edición revisada en el ejemplar consultado: 1998.

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