El territorio de la actual ciudad de Coquimbo no fue una ciudad colonial formal en el mismo sentido en que lo fue La Serena. Durante la Colonia, Coquimbo funcionó principalmente como bahía, puerto, caleta, punto de desembarco, lugar de pesca, espacio de tránsito, área de apoyo productivo y zona estratégica dependiente de La Serena. La ciudad con cabildo, justicia local, plaza mayor e instituciones urbanas fue La Serena; Coquimbo, en cambio, fue el borde marítimo que hizo posible la comunicación de esa ciudad con el Perú, con otros puertos del Pacífico y con los valles cercanos.
Esta diferencia es fundamental, porque muchas fuentes coloniales usan el nombre “Coquimbo” para referirse al valle, al corregimiento, a la bahía, al puerto o incluso al entorno jurisdiccional de La Serena, lo que puede generar confusiones si se lee el topónimo como si siempre designara a la ciudad actual. Pedro de Valdivia ya mencionaba en 1550 la fundación de La Serena “a la costa de la mar, en un muy buen puerto, en el valle que se dice de Coquimbo”, lo que muestra que el puerto y el valle eran parte esencial del proyecto colonial serenense.
La ocupación colonial de Coquimbo se apoyó sobre una historia humana anterior. Antes de la llegada española, la bahía, los cerros, las caletas y los sectores costeros habían sido utilizados por poblaciones indígenas como espacios de habitación, pesca, recolección, entierro y circulación. Las colecciones del Museo Arqueológico de La Serena registran presencia de sitios arcaicos en La Herradura, Guanaqueros, Peñuelas y Punta Teatinos, además de ocupaciones Molle, Las Ánimas, Diaguitas e Inka-Diaguitas en la Región de Coquimbo. Estos antecedentes permiten entender que la bahía no fue descubierta como espacio útil por los españoles, sino incorporada a una red territorial ya conocida por comunidades locales.
Uno de los testimonios materiales más importantes de esa ocupación previa se encuentra bajo el centro actual de Coquimbo. El cementerio Las Ánimas descubierto en la Plaza de Armas de Coquimbo en 1981 reveló entierros, cerámicas y objetos asociados al Complejo Cultural Las Ánimas. Ese hallazgo vinculó el corazón urbano contemporáneo con una ocupación prehispánica anterior a la ciudad republicana y anterior al uso colonial del puerto. El actual Domo Cultura Ánimas, aunque es una construcción contemporánea y no colonial, funciona como un inmueble de mediación patrimonial porque recuerda que el centro de Coquimbo se levanta sobre un espacio arqueológico significativo.

La geografía explicó la importancia colonial de Coquimbo. La bahía ofrecía aguas relativamente protegidas, puntos de fondeo, acceso al litoral, proximidad con La Serena y comunicación con los valles de Elqui, Limarí y Choapa. La Herradura, Guayacán, la península, los cerros costeros y la bahía principal formaron un sistema natural útil para embarcaciones, pesca, vigilancia y desplazamiento. La posición también conectaba el camino terrestre entre Santiago, Copiapó y el Perú. Por eso, Valdivia consideró que el puerto de Coquimbo era conveniente para sostener La Serena y permitir la llegada de auxilios, personas, mercancías y noticias desde el norte.
Durante el siglo XVI, Coquimbo funcionó como puerta marítima de La Serena. La ciudad serenense necesitaba un puerto para recibir socorros desde el Perú, exportar productos regionales y sostener la comunicación con otros puntos del Pacífico. La investigación sobre el puerto de Coquimbo, La Serena y el patrimonio vitivinícola del Cono Sur plantea que Coquimbo cumplió un papel estratégico en las primeras décadas de conquista y colonización, incluso como una de las principales puertas de ingreso al Reino de Chile.
El territorio coquimbano también estuvo asociado a la economía agrícola, ganadera, minera y vitivinícola de La Serena y sus valles. El puerto permitió la salida de minerales, productos agropecuarios, vinos, aguardientes, cueros, maderas, alimentos y otros bienes. La zona no concentró durante la Colonia una trama urbana formal con plaza y cabildo propio, pero sí reunió actividades humanas vinculadas al embarque, la pesca, el abastecimiento, la navegación y el control territorial. En ese sentido, Coquimbo fue menos una ciudad y más una infraestructura territorial: su valor estuvo en permitir que la ciudad interior y los valles se conectaran con el mar.
La administración colonial dependió de La Serena. El Cabildo de La Serena, sus alcaldes, regidores, escribanos y funcionarios reales actuaban sobre un espacio jurisdiccional amplio que incluía el Corregimiento de Coquimbo. Hernán Cortés Olivares estudia expedientes entre 1687 y 1808 y muestra la participación del corregidor, justicia mayor, lugarteniente de capitán general, alcaldes, regidores y otros funcionarios menores en la administración de justicia del corregimiento. Esto confirma que el territorio coquimbano no tuvo un gobierno urbano independiente durante la Colonia, sino que fue administrado dentro de una estructura regional con centro en La Serena.
Los inmuebles coloniales del actual Coquimbo fueron, probablemente, más precarios que monumentales. A diferencia de La Serena, donde permanecen iglesias coloniales o de raíz colonial, Coquimbo no conserva edificios coloniales equivalentes en piedra, conventos o iglesias de los siglos XVI al XVIII. Su materialidad colonial debió estar formada por embarcaderos simples, bodegas, corrales, rancherías, caminos, puestos de vigilancia, espacios de faena, áreas de carga y pequeños asentamientos vinculados a pescadores, navegantes, trabajadores portuarios, arrieros y población indígena o mestiza. La ausencia de grandes inmuebles coloniales no significa ausencia de historia; significa que la historia colonial de Coquimbo debe rastrearse con otras fuentes históricas.
Los objetos históricos asociados a Coquimbo colonial no se limitan a piezas materiales conservadas en museos. También son objetos históricos los mapas, planos, cartas, crónicas, expedientes judiciales y relatos de viajeros. La carta de Pedro de Valdivia de 1550 es un documento clave porque explica la función estratégica del puerto. Los expedientes del Cabildo de La Serena permiten observar la administración del corregimiento. Las crónicas piratas del siglo XVII registran alimentos, objetos de plata, producción de cobre, recursos marítimos, estrategias de defensa y datos topográficos. Estos documentos son fundamentales porque parte importante de las fuentes españolas tempranas se perdió durante los ataques a La Serena.

La historia colonial de Coquimbo estuvo marcada por la amenaza marítima. La misma bahía que facilitaba el comercio también atraía a corsarios, piratas y navegantes extranjeros. La cronología de Memoria Chilena registra el ataque de Francis Drake en 1579, el ataque de Bartolomé Sharp en 1680, la incursión de Edward Davis en 1686, el arribo del buque francés San Luis en 1721 y la llegada de George Anson a la bahía de Coquimbo en 1741. Estos episodios afectaron principalmente a La Serena como ciudad, pero tuvieron a la costa coquimbana como escenario de aproximación, desembarco, fondeo, amenaza o vigilancia.
El ataque de Bartolomé Sharp en 1680 fue un hito regional. Sharp llegó a la bahía de Coquimbo para atacar La Serena, y la ciudad sufrió saqueo, incendio y pérdida documental. Pablo Lacoste señala que el ataque destruyó registros escritos fundamentales, como actas del cabildo y documentos notariales y judiciales. Sin embargo, el episodio también produjo fuentes nuevas, porque los propios piratas escribieron crónicas sobre el ataque. Estas fuentes registraron recursos del territorio, bienes agroalimentarios, datos sobre puertos, dimensiones, topografía, objetos de plata, producción de cobre y prácticas culturales locales.
La defensa frente a Sharp muestra una continuidad entre la ocupación prehispánica y el mundo colonial. Lacoste plantea que la comunidad local movilizó recursos culturales de origen indígena, entre ellos las balsas de cuero de lobo de los changos y las redes de canales asociadas al mundo diaguita. Estos elementos no eran simples restos del pasado; eran saberes activos que participaron en una coyuntura colonial. La bahía, las balsas, el conocimiento del mar, los canales de riego y los alimentos locales formaron parte de una defensa que articuló a hispanocriollos, indígenas y habitantes regionales.
La cartografía colonial permite comprender la evolución del territorio. Memoria Chilena conserva referencias al “Puerto de Coquimbo hacia 1646”, a la “Declaración de las partes principales de la ciudad de Coquimbo” de 1753, al “Plano de La Serena” de 1767 y al “Plano de la Badía de la Serena ó Quoquimbo” de Pedro Rico, fechado en 1789. Estos documentos no siempre nombran Coquimbo con el mismo sentido. En algunos casos, el topónimo se asocia al puerto; en otros, a la bahía; en otros, al entorno de La Serena. Esa ambigüedad confirma que Coquimbo fue un territorio funcional antes de ser una ciudad formal.
El plano de Pedro Rico de 1789 es especialmente importante porque representa la bahía como espacio estratégico. El documento identifica la “Badía de la Serena ó Quoquimbo” y muestra la relación entre la ciudad de La Serena, el río Coquimbo, el borde costero, los cerros, las puntas, los puertos y otros accidentes geográficos. El plano evidencia que, a fines del siglo XVIII, el interés colonial no estaba puesto solo en la ciudad amurallada o en el damero, sino también en la bahía, los fondeaderos, los accesos y la defensa marítima.

Durante el siglo XVIII, Coquimbo mantuvo su carácter de puerto dependiente, pero su importancia aumentó por el crecimiento de las actividades regionales. La minería, la agricultura y la vitivinicultura de los valles necesitaban una salida marítima. La Serena concentraba el poder urbano, eclesiástico y administrativo; Coquimbo concentraba el contacto físico con el océano. Esta división funcional explica por qué la historia colonial de ambas localidades debe analizarse en conjunto, pero sin confundir sus roles. La Serena fue la ciudad; Coquimbo fue su puerto, su bahía estratégica y su extensión marítima.
La ocupación colonial del actual Coquimbo también tuvo una dimensión social. En el borde costero debieron convivir pescadores indígenas, población mestiza, trabajadores vinculados al transporte, arrieros, marineros, pequeños propietarios, funcionarios enviados desde La Serena y personas ligadas a actividades de vigilancia o abastecimiento. Las fuentes coloniales suelen privilegiar a las autoridades y a los vecinos principales de La Serena, por lo que la vida cotidiana del puerto aparece menos documentada. Sin embargo, la recurrencia del puerto en cartas, mapas, ataques y documentos administrativos permite inferir que existía una actividad humana constante, aunque no siempre visible en los archivos.
Los inmuebles presentes de Coquimbo permiten leer esa historia por capas. El actual puerto de Coquimbo no conserva la infraestructura colonial, pero ocupa una función heredera del antiguo papel marítimo de la bahía. La Herradura mantiene el valor geográfico de refugio y caleta. Guayacán y el sector portuario expresan la continuidad posterior de la actividad minera e industrial, aunque sus principales inmuebles pertenecen al siglo XIX y no a la Colonia. El Fuerte Lambert, también posterior al periodo colonial, recuerda la persistencia del problema defensivo en la costa. El Domo Cultura Ánimas remite a una capa más antigua, porque conecta el centro urbano actual con la ocupación prehispánica. El Mirador de los Navegantes homenajea a las personas que circularon y permanecieron en esta zona como parte de sus viajes y aventuras. Estos lugares no son coloniales, pero ayudan a comprender cómo el territorio acumuló usos marítimos, productivos, defensivos y patrimoniales.
La importancia de Coquimbo para los imperios inka y español se explica por la misma lógica territorial. El Tawantinsuyo incorporó el Norte Chico porque los valles transversales, las rutas interiores, la producción agrícola, la metalurgia y la articulación entre costa y cordillera tenían valor político y económico. La ocupación española reutilizó esa articulación, pero la reorientó hacia la ciudad colonial, el cabildo, la evangelización, el comercio marítimo y la extracción de recursos. La continuidad principal fue la relación entre mar, valle e interior; la diferencia principal fue la escala imperial y la forma de control.
Igualmente, las historias de piratas, corsarios y tesoros no quedaron encerradas en los episodios coloniales, sino que pasaron a formar parte de la cultura popular y del imaginario histórico de Coquimbo. La memoria de ataques, fondeos y desembarcos en la bahía alimentó relatos locales sobre tesoros ocultos, cuevas, mapas, barcos extranjeros y personajes vinculados al litoral. Esa tradición se consolidó en obras como El tesoro de los piratas de Guayacán, de Ricardo E. Latcham, publicado originalmente en 1935 y reeditado en 1976 y 2018, donde la historia del supuesto tesoro se transformó en una narración asociada a Guayacán, La Herradura y la bahía de Coquimbo.
También se proyectó en símbolos contemporáneos, como Coquimbo Unido, cuyo escudo y cultura deportiva adoptan la figura del pirata, el “barbón”, el garfio, el parche y la identidad aurinegra como emblemas de pertenencia local. La propia comunicación institucional del club utiliza expresiones como “puerto pirata”, “alma pirata” y “escudo pirata”, lo que muestra cómo una memoria histórica ligada al mar se convirtió en identidad deportiva local.
Esta presencia también aparece en productos culturales más amplios, como el juego de cartas Mitos y Leyendas, donde el Tesoro de Guayacán figura como una carta de gran relevancia. También, forma parte de la actual oferta turística en la Bahía con recorridos en catamaranes. Por eso, la historia colonial de Coquimbo no solo debe leerse desde los ataques documentados contra La Serena o desde la función portuaria de la bahía, sino también puede hacerse desde la forma en que esos episodios fueron reinterpretados por la literatura, el fútbol, la leyenda oral, la cultura visual y los objetos de consumo cultural contemporáneo.
En conclusión, Coquimbo durante la Colonia fue un territorio ocupado, útil y estratégico, aunque no fue una ciudad formal. Su historia colonial no se encuentra en una plaza mayor colonial ni en un conjunto de iglesias antiguas, sino en la bahía, en La Herradura, en los caminos hacia La Serena, en los mapas navales, en las crónicas de ataques, en los documentos del cabildo serenense, en los objetos arqueológicos del centro urbano actual y en la continuidad de un paisaje marítimo utilizado desde tiempos prehispánicos. Coquimbo fue el borde portuario de La Serena, pero también fue mucho más que un simple anexo: fue la puerta marítima que permitió sostener la ocupación española del Norte Chico y conectar sus valles con el Pacífico.
Bibliografía
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